
No fue casualidad que nos reuniéramos en la tierra de Dios para encender una luz por la paz de nuestro país y la salud de Miguel Uribe.
Vivimos un momento único, sublime, en donde no importaba la religión, sino el clamor de un pueblo que se unió y pidió en oración, estar en paz y tranquilidad.
Nos queda la satisfacción de cumplirle a nuestro gobernador con llevar a cabo este momento maravilloso.
