
Por: Bernardo Raad H.
Bolívar, territorio de protagonistas.
En Bolívar, cada vez es más claro que el verdadero cambio no se impone desde arriba, sino que se construye desde abajo, desde las manos y las voces de quienes viven día a día los retos del territorio. Hoy, el liderazgo no es exclusivo de los funcionarios: está en las mujeres que levantan sus barrios, en los jóvenes que crean soluciones, en los adultos mayores que enseñan con el ejemplo, en las comunidades que se organizan. Y ese liderazgo no camina solo: lo acompaña y lo potencia la acción pública.
En El Pozón, por ejemplo, más de 700 personas fueron atendidas durante una gran jornada de intervención social. Allí, lo que se vivió fue mucho más que una oferta institucional: fue un encuentro entre el Estado y la comunidad. Hubo servicios de salud, educación, atención jurídica, recreación infantil y asesorías del Sisbén. Pero lo más importante fue ver a los habitantes tomar la palabra, proponer soluciones, articularse con los funcionarios. Así es como nace un liderazgo compartido: desde la presencia, pero también desde la participación.
Otro ejemplo contundente de cómo Bolívar cultiva liderazgo desde las comunidades es el programa de formación de lideresas sociales. Más de 100 mujeres del territorio bolivarense, muchas de ellas víctimas del conflicto o defensoras de derechos humanos, recibieron capacitación para fortalecer su incidencia en temas como participación política, economía del cuidado y resolución de conflictos. Son mujeres que ya lideraban desde el silencio, pero que ahora tienen voz, herramientas y respaldo.
El impulso a la educación también se convierte en motor de liderazgo. En las últimas semanas, la Gobernación está a punto de entregar el décimo megacolegio del departamento, y trabaja en la creación de una universidad en la región de los Montes de María. Estas obras no solo construyen espacios físicos: construyen esperanza. Permiten que niñas, niños y jóvenes proyecten su vida en sus propios territorios, que sueñen y lideren procesos desde su identidad y su cultura.
Asimismo, gracias a un convenio entre la Gobernación y el ICBF, más de 1.400 niños y niñas acceden a educación inicial en centros de desarrollo infantil con dotación, alimentación y acompañamiento psicosocial. Esto no solo dignifica la infancia, también fortalece a las familias, que son los primeros espacios de liderazgo y transformación social.
Todo esto demuestra que el liderazgo no es una tarea individual ni reservada a los altos cargos. Es una construcción diaria, colectiva, comunitaria. Es organizar una jornada en el barrio, es proponer una mejora en la escuela, es formar a otras mujeres, es abrirle camino a la niñez. Y hoy, en Bolívar, hay un gobierno que entiende eso, que en lugar de hablar por la gente, abre el espacio para que la gente hable, proponga, actúe y transforme.
Este es un departamento que no se detiene. Que lidera desde el territorio, con sus propias herramientas.
